viernes, 11 de febrero de 2011

OPERACIÓN PELLAS DE OTOÑO


No habían transcurrido dos meses desde el primer día de clase en el nuevo colegio cuando Manolo decidió pasar de largo por delante de la puerta y seguir con paso animado hacia la hijuela de Los Carneros. Lucas se le había adelantado para vigilar la entrada del colegio y poder así dar el aviso.
Manolo pasó una mano por la espalda de Carmelo para obligarle a acelerar el paso.
-Pelma, cállate y vente con nosotros.
Carmelo no entendió nada y se vio forzado a dar un trote cochinero hasta las primeras tunas, ya en los dominios de José María, El Valenciano. Desde allí, Lucas y Manolo miraron hacia atrás para asegurarse de no haber sido descubiertos. Y suspiraron profundamente. Carmelo los imitó y le extrañó que se hubiesen cansado tras una carrera tan corta.
Lucas cogió la maleta de su hermano pequeño y le dijo que iban a hacer rabona.
-¿Y eso qué es?
-Eso quiere decir que hoy no vamos al colegio.-dijo Lucas.
-Porque estamos resfriados.-añadió Manolo.
-Yo no estoy resfriao. A papá se lo digo.
Lucas y Manolo habían imaginado una reacción parecida. Por eso habían decidido no informar de nada a Carmelo. Lo llevarían consigo aunque les estropease la cacería.
Manolo arrancó una caña y se la ofreció al pequeño gorrión para que se entretuviese pinchando tunas mientras le daba la información justa sobre la Operación Pellas.
-Pelmacillo, hoy vamos a estrenar la red de hilo de Puy en La Laguna. Lucas quiere dar el primer jalón porque la red la ha hecho él y yo le digo que lo voy a dar yo, que para eso la red es mía. Como no nos ponemos de acuerdo, hemos decidido que ni para mí ni para él.¡ El primer jalón lo das tú!
-Y cuando pase lista el cura, ¿qué hacemos?
-Ná, Pelma. Hoy es sábado y por la tarde no vamos.El lunes le decimos que estábamos resfriaos y ya está. -aclaró Lucas.
Carmelo empezó a cogerle gustito al lanceo de tunas mientras Manolo le iba soltando información al tiempo que se aseguraba la complicidad del pinchatunas.
-Cuando lleguemos a casa haces como si vinieras del colegio. Como todos los días. Comes y te callas. O no te dejo limpiar la jaula del jilguero. Yo te hago una hoja de cuentas y tú haces la caligrafía.
Lucas sabía que tarde o temprano el gorrión pediría alpiste y empezó a encandilar al lanceador de tunas.
-O de los jilgueros, Pelma. A lo mejor cogemos un bando enterito. Por lo menos uno va a ser tuyo.
Carmelo dejó de dar cañazos y dijo lo que estaba pensando.
-Mentira.¿Dónde está la red?¿Y los reclamos?¿Y los varales? Me estáis engañando. A papá se lo digo.¡Liones!
Manolo aceleró el paso y Lucas hizo lo mismo.
-La red está escondida en la viña de "atrás" (Tras) de Regla. La escondimos ayer. Y los reclamos los lleva El Peorro, que nos está esperando en La Laguna desde hace un rato. So pelmazo.¡Chivato!
-¡Mentira, lión!Yo me vuelvo al colegio.
Manolo le tiró la artillería pesada desde lejos antes de tener que abortar la operación.
-Como no vengas aquí corriendo vas a coger un resfriao; pero ¡rodando!
Carmelo vio cómo su hermano mayor deshacía el camino levantando una polvareda de arena roja.Tiró la caña sobre los higos de sangre e inició un tímido trote de gorrión derrotado.
-Vale, vale. Voy, voy.
-Te he dicho que tenemos la red en el campo y es verdad. Corre.
 

Los cañaverales a lado y lado del camino, más tupidos en la curva, pronto dejaron ver la alambrada de espinos y el portillo de enganche. Lucas llegó el primero, desenganchó la presilla de alambre del poste y levantó la portela para zafarla de abajo. Se adentró en la viña y fue directo hacia una de las cepas de moscatel más tupidas. Hurgó con decisión entre los sarmientos, que ya dejaban soltar sus hojas casi sin oponer resistencia, y sacó el saco con el tesoro que durante tantas jornadas habían preparado.
Manolo dio un nuevo aliento a Carmelo mientras dejaba la portela como estaba, sin quitar la mirada del cielo.
- ¡Un bando de chamarices! Ya mismo vas a estar jalando, Pelmacillo.


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